top of page

Otrxs Mundxs

  • Foto del escritor: Leyla Aboudayeh
    Leyla Aboudayeh
  • 15 mar
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 16 mar

En All The King’s Horses, Andrea Ferrero reemplaza el bronce de El Caballito con chocolate, transformando un símbolo colonial en una obra efímera. La pieza, curada por Aram Moshayedi y Lena Solà en el Museo Tamayo, cuestiona el poder, la memoria y la permanencia de la historia.


Fotos: Rubén Garay @luzin_terior



En el corazón del Museo Tamayo, la obra de Andrea Ferrero se yergue como una paradoja monumental: una escultura ecuestre de Carlos IV de España, pero lejos del bronce que ha garantizado su permanencia en la historia, esta versión está hecha enteramente de chocolate. La pieza, titulada All The King’s Horses, forma parte de la exposición Otrxs Mundxs, curada por Aram Moshayedi y Lena Solà, y desde su concepción desafía el peso de la herencia colonial con una materialidad que, en lugar de imponer, seduce y se derrite.


La referencia original es ineludible. El Caballito de Manuel Tolsá, finalizado en 1803, ha sido testigo de los vaivenes políticos de México. Su historia refleja las transformaciones del país y sus debates sobre la memoria histórica y el legado colonial. La estatua fue encargada en honor a Carlos IV, pero apenas seis años después, en 1809, México iniciaría su lucha por la independencia, haciendo que la imagen de un rey español pronto perdiera su razón de ser. Desde su colocación original en la Plaza Mayor (hoy Zócalo), la estatua ha sido trasladada varias veces. En 1822, tras la independencia, fue removida del Zócalo y luego ubicada en la Universidad Pontificia. Con el tiempo, ha sido desplazada y resignificada según los intereses políticos de cada época. En el siglo XX, El Caballito fue reinstalado en diferentes puntos de la Ciudad de México, consolidándose como un símbolo del pasado colonial que convive con la nación independiente. Sin embargo, ha sido objeto de críticas y debates sobre su pertinencia en el espacio público. En 2013, la estatua sufrió daños graves durante un intento de restauración, lo que reavivó la discusión sobre la importancia de su conservación y la necesidad de repensar su significado en el México contemporáneo. Como señalan Moshayedi y Solà, este monumento sigue siendo un testigo incómodo de un pasado que aún resuena en el presente.



Ferrero toma este símbolo de dominación y lo somete a un desmembramiento conceptual y literal. Su escultura de chocolate, encapsulada en refrigeradores industriales, aguarda su inminente descomposición o consumo. Lo que alguna vez fue un monumento perenne se convierte aquí en una obra perecedera, recordando que incluso los imperios más firmes pueden deshacerse con el tiempo. Según Moshayedi y Solà, esta obra imagina un futuro posible para los artefactos de un pasado colonial que continúan persiguiendo el presente.


El uso del chocolate no es casual. Este material, ligado a la historia prehispánica y luego transformado en un producto clave del comercio global bajo regímenes coloniales, carga consigo siglos de violencia económica y explotación. La elección de Ferrero es, por tanto, una ironía afilada: un material que alguna vez representó un lujo europeo es ahora la sustancia de una crítica política. Aun más, su disposición sobre una alfombra roja remite al teatro del poder, a la pompa de la realeza y a la manera en que la monumentalidad se exhibe para consolidar jerarquías. Como destacan los curadores, la teatralidad de la instalación resalta las estrategias de espectáculo utilizadas históricamente para reforzar el poder y la exclusión.



Pero All The King’s Horses no se limita a la historia. Su impacto en el presente es innegable. En un mundo donde la revisión de los símbolos coloniales ha dado lugar a movimientos de derribo y resignificación de estatuas, la obra de Ferrero propone otra estrategia: no la destrucción abrupta, sino la desintegración paulatina. La estatua de chocolate no necesita ser tumbada; se derrite, se fragmenta, se consume, permitiendo que el público participe activamente en su destino. Este gesto también cuestiona la sacralización de los monumentos: ¿qué sucede cuando un símbolo de poder puede ser degustado, compartido y eventualmente desaparece? En palabras de Moshayedi y Solà, la obra activa una forma de ajuste de cuentas simbólico que transforma la memoria en un proceso dinámico y colectivo.




En el trabajo de Andrea Ferrero, la historia no es un relato estático sino una materia plástica, moldeable, susceptible al juego y la imaginación colectiva. Como en muchas de sus instalaciones anteriores, aquí el uso de materiales efímeros confronta la rigidez de la tradición monumental. Su obra no solo revisita el pasado, sino que plantea una pregunta crucial para el presente: si los imperios caen, ¿qué clase de ruinas queremos construir en su lugar?


Sobre la artista


Andrea Ferrero (Lima, 1991) es una artista visual peruana que vive y trabaja en Ciudad de México. Estudió Escultura en la Pontificia Universidad Católica del Perú y fue parte del programa académico SOMA en Ciudad de México entre 2019 y 2021. Su obra ha sido exhibida en espacios como el Museo Tamayo y el Museo Jumex en México, el Taoyuan Museum of Fine Arts en Taiwán, Swivell Gallery en Nueva York, Gallery Shilla en Seúl y el Museo de Arte Contemporáneo de Lima. Ha participado en residencias en Pivô (São Paulo), HANGAR (Lisboa), Fountainhead Arts (Miami), Mass MoCA (Massachusetts) y FLORA ars+natura (Bogotá), entre otras. Su trabajo se centra en subvertir símbolos de poder a través de materiales efímeros y ejercicios de imaginación colectiva, explorando cómo la arquitectura, los objetos y los alimentos han sido utilizados como herramientas de dominación a lo largo de la historia.

Andrea Ferrero @andreaferrerop


Curadores: Aram Moshayedi, Lena Solà @lenasolanogue

Donde: Museo Tamayo - Mexico City @eneltamayo

Fechas: 28 noviembre 2024 - 16 marzo 2025

Comments


Copia de vocablo logo (5)_edited.jpg
  • Instagram

¡Gracias por suscribirte!

bottom of page