Moico Yaker teje un universo pictórico donde los vínculos entre animales reflejan la condición humana. En su nueva muestra en el MAC Lima, instalada sobre el antiguo zoológico de Barranco, su obra resuena con el pasado del lugar, explorando la convivencia y el equilibrio entre especies.
Escribe: Leyla Aboudayeh
Fotos: Juan Carlos Muñoz-Nájar

Conversaciones en el zoológico remite a un género pictórico europeo del siglo XVII y XVIII. En tu propuesta, en lugar de retratos humanos en situaciones domésticas, introduces un diálogo con lo animal. ¿Cómo surgio esta equivalencia?
-En 2005 acepté trabajar en una comisión que consistía en una centena de dibujos. La serie tomó el nombre de "Conversation Pieces", en referencia a dicha corriente anglo-holandesa. En estos dibujos, los animales se vinculan de maneras distintas entre sí. Fueron realizados con pluma y tinta china. En la serie actual retomé ese camino, pero expandiendo el medio hacia una pintura mucho más elaborada, en formatos más grandes y variados. El tema de fondo resultó ser el mismo: los vínculos, que podrían llamarse "conversaciones", las interacciones entre una variedad de animales, asociándose entre sí y conmigo, el pintor.
La muestra se sitúa en el MAC, un museo construido sobre el antiguo zoológico de Barranco. ¿Cómo influye este contexto en la lectura de tus obras? ¿Existe una conexión entre la historia del lugar y el imaginario que presentas?
-El nexo de esta serie con el terreno sobre el que se levantó el MAC fue una epifanía. Surgió poco tiempo después de haber decidido otorgarles un protagonismo absoluto a los animales en mi obra. Sentí que el proyecto se volvió un "sine qua non" con ese lugar específico; no podía tener, en mi percepción, otro destino posible.

En el texto curatorial, Augusto Del Valle menciona que la pandemia trajo consigo la desaparición de la presencia humana en los espacios públicos, permitiendo el retorno de la naturaleza. ¿Podría decirse que tu exposición responde a ese vacío inicial, o más bien a la necesidad de reimaginar la convivencia entre especies?
-El estímulo inicial se origina en el encierro que gran parte de la población mundial se vio obligada a respetar: la distancia social, la desconfianza, el temor al otro y, sobre todo, el silencio que permitió a los animales acercarse a lugares donde antes no se les veía. Mi instinto me dijo: "Déjalos entrar". Las asociaciones entre distintas especies que empecé a observar a medida que el proyecto tomaba cuerpo me remitieron a la metáfora de una posible convivencia con "el otro", más allá de la forma, la raza, el credo o la procedencia.

Has descrito tu identidad como una "curiosa mezcla", un cruce entre lo sudamericano, lo oriental, lo arequipeño y lo judío. Tu formación y experiencia en Estados Unidos, Europa e Israel han atravesado tu mirada artística. ¿De qué manera estas influencias culturales y académicas han dado forma a tu lenguaje pictórico y cómo resuenan en el mundo de hoy?
-Estamos conformados por lo que nos sucede a lo largo de la vida. Sumado a nuestra naturaleza esencial, eso define quiénes somos, qué nos interesa y qué nos preocupa. La vida en Arequipa marcó de manera muy precisa las bases de mi desarrollo como artista: mi interés por lo visual se originó en la pompa y el boato de una sociedad profundamente católica y marcadamente endogámica. Ser un joven judío en Arequipa, pese a la asimilación en la que vivió mi familia, me hacía sentir como "el otro" tanto dentro como fuera de la escuela. Los años que pasé en distintos países me enseñaron a desarrollar una elasticidad que me permitió seguir siendo "el otro" sin sentirme ajeno o menos comprometido con las realidades que me tocó vivir. Me dediqué a observar, a escuchar, a ser parte de algo en la medida de lo posible, a querer y ser querido.
En tu trabajo, el equilibrio es un elemento constante, pero también lo es la inestabilidad. Varios animales se besan suavemente con su misma especie, con otras especies o incluso con sus reflejos. ¿Qué significado tiene esta gestualidad dentro de tu obra?
-Reflejan un inevitable paralelismo con el comportamiento humano. Nos amamos o reñimos, conversamos o nos alejamos, nos damos la mano o nos lanzamos los puños. Nos amamos a nosotros mismos, o nuestro deseo se dirige hacia el opuesto o el similar. Son atributos humanos por excelencia.

En una de tus pinturas, un cerco amarillo con hormigas parece impedir que los humanos se acerquen a la escena principal del pato. ¿Cómo interpretas esta barrera? ¿Es una forma de protección, exclusión o una advertencia sobre la manera en que el ser humano se relaciona con su entorno?
-Cuando visitas los bosques de la Amazonía, la primera advertencia que recibes es: "Mantente en silencio". Los animales se alejan al oír la presencia humana. En la pintura del pato, ejerzo esa advertencia: mantente alejado si quieres tener el placer de observar a los animales.
En esta muestra, vemos una pléyade de entidades en constante movimiento, configurando una suerte de coreografía. ¿Crees que hay una dimensión teatral en tu trabajo? ¿Cómo construyes estas escenas?
-Responde a un afán de ordenar las cosas, de domesticar lo indomesticable, de usar la "forma" no solo como nombre, sino también como signo: como un punto, una raya, una letra, una palabra... ¿El propósito? El movimiento, la dinámica, el tiempo, la vida.

Conversaciones en el zoológico
Fecha: 14 de marzo al 25 de mayo
Museo de Arte Contemporáneo de Lima
Av. Miguel Grau 1511, Barranco
Horario: martes a domingo de 10:00 a.m. a 7:00 p.m.
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